Festivales 2016

Festivales 2016

Festis

Si usted está en la península ibérica en verano y no pisa un festival ¡Le están timando señora!

Hay cosas que caen de cajón y con nuestro clima está claro que en veranito, el cuerpo está mejor a la fresca, si esto lo puedes combinar con jolgorio y musiqueo la ecuación es perfecta.

Este año he podido catar unos cuantos festivales. Empecé el “verano” en el Tomavistas y Festival de Les arts con Disco Las Palmeras!, aunque estuvieron muy bien y me lo pasé pipa al ser en Madrid (donde yo vivo) y en Valencia (que viven los padres de Julián y nos quedamos en su casa) no me dan mucho para comentar en este blog, aunque alguna cosa sí:

El Tomavistas fue en un recinto dificilmente mejorable, el parque Tierno Galván, con amplias zonas verdes y árboles. Una curiosidad para mi fue el “cashless”, es como una mini tarjeta de crédito que va en la pulsera del festival y con la que pagas en las barras. Metes saldo en la típìca caseta donde normalmente pillarías los tickets de bebida mediante efectivo, tarjeta de crédito o paypal y te pasan un lector en la barra para pagar. Es cómodo, aunque para cabezas descarriadas como la mía se convierte en una buena gastadera, porque pierdes un poco la noción de lo que llevas fundido.

A la entrada del recinto había un buen número de “Food trucks”, que este año parecen haberse consolidado en los festivales más que Vetusta Morla, con mucha variedad y con comida rápida de buena calidad (sí amigos, es posible)

En el Les arts tocábamos en la jornada inaugural, era en La Rambleta, donde hemos tocado este año 3 veces, así que era como tocar en casa. Esta visita no tuvo mucha ciencia en lo gastronómico, a excepción de un bocata de ¡¡¡lomo con Patatas!!!, nos lo hizo la madre de Ju, que es viguesa, pero nos dijo que allí eran muy típicos, a casi todos los bocadillos les meten patatas fritas y de verdad que me gustó bastante.

En cuanto al copeteo, fuimos al Magazine, mítico local que nos encanta, siempre vamos. Nos tomamos un par de tróspidos y echamos una partida al billar (la mejor de mi vida, por un momento me creí Paul Newman en el buscavidas… había bebido, sí)

Mis siguientes visitas fueron al Quintanilha Rock en Portugal y al BBK live de Bilbao, al primero a los mandos de la mesa de mezclas con Juventud Juché y Tigres Leones y al segundo sólo con los Juchés.

El Quintanilha Rock es pequeñito, justo en la frontera, a la altura de Zamora, es en un bosque al lado de una preciosa playa fluvial (es tan cerca, que el otro lado del río es España…). Es uno de esos festis con encanto, en un lugar idílico, y sin aglomeraciones. He estado en varios festivales en Portugal y todos tienen algunas cosas que me llaman bastante la atención:

-La gente es muy educada, pero muy sosa. Están muy atentos y aplauden mucho, pero lo que es moverse o bailar, muy poca cosa…

-La ingente cantidad de comida que hay. Siempre hay mil chiringuitos y la gente no para de comer, pero apenas beben, algo impensable de este lado de la frontera…

En el festi, como no podía ser de otra manera, había una buena cantidad de viandas, como yo soy fan de la comida portuguesa, amante de la gula y un gran profesional (entiéndase este blog como mi profesión) probé todo lo que pude. Comí por la tarde una alheira, que es un embutido que yo pondría entre la croqueta, por la textura de dentro y el chorizo, por el sabor. Para cenar nos dieron costillas guisadas con arroz feijao, que es a base de arroz y alubias y también ensalada. Después del concierto me zampé una Bifana, que viene a ser el pepito de ternera de allí. Todo muy rico, aunque sin las exquisitas formas que tiene siempre el servicio en los restaurantes portugueses, aquí era más de batalla, evidentemente.

Muy temprano por la mañana salimos para Bilbao, teníamos que estar a las 12:00 para tocar en los Jardines de Alvia.

Yo cada vez que voy a Euskadi estoy hasta nerviosito, para mi aquello es como la tierra prometida, su inmensa variedad de pintxos, sus recetas tradicionales, las modernas, las sidrerías…

En esta ocasión no cayó “Menú de sidrería” (mi preferido), suele consistir, en Bacalao a la Vizcaína, tortilla de bacalao, croquetas, tortilla de carne, aunque puede variar, pero siempre termina con un buen chuletón de vaca y la sidra te la sueles servir tu del barril y es barra libre, el paraíso para un buen troglodita gastronómico.

Esta vez nos centramos en los pintxos, primero en el Iruña, en los jardines de Alvia, un precioso bar típico, pero con un toque muy del sur, en lo decorativo, ya que en la parte de atrás hay mucho azulejo y formas que recuerdan un poco a la decoración mudéjar. Me comí un pintxo sencillito para no caer desfallecido antes del concierto.

Tras el concierto nos fuimos a la zona de San Mamés, se veía el estadio al fondo de la calle.

Fuimos al ………………… nos pusimos finitos, tenéis que perdonar el que no recuerde algunas cosas, se me borraron las notas que tomé en el móvil. Lo que no se me ha borrado es el sabor del pintxo de kokotxas de bacalao al pil pil y de los buñuelos de marisco. La barra petada de manjares. Altamente recomendable.

Por la tarde fuimos al recinto, en el monte Kobetamendi, las vistas de Bilbao desde allí son espectaculares. La organización, como era de esperar, muy profesional, nos trataron de maravilla, yo me hice fuerte en los sofás de la zona de los grupos con la barra (LIBRE) muy cerquita, así que se me olvidó cenar, al día siguiente me arrepentí de este olvido… Pero Javi de Juventud sí que fue a cenar al catering y nos lo cuenta así:

“El catering del BBK estaba bastante bien, no entra en la Champions del catering festivalero que ocupan el FIB o el Vértigo Estival(último gran descubrimiento en este tema).

El fuerte era la variedad de ensaladas y gazpachos, que eslo que más apetece con el calorazo estos meses. También unos cuantos platos calientes para elegir. Todo bien.”

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